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Historia en Libertad

sábado, junio 28, 2008

La acción de España en el Nuevo Mundo

La obra realizada por España en el Nuevo Mundo ha sido objeto de interpretaciones muy distintas.
Es difícil encontrar adecuada explicación al éxito espectacular conseguido por puñados de hombres sobre miles de indígenas. Seiscientos soldados y dieciséis caballos fue el ejército de Cortés para sojuzgar el imperio azteca de Moctezuma. Ciento ochenta y siete hombres y treinta y siete caballos, los compañeros de Pizarro en el Perú.
Los conquistadores "eran bandas de aventureros sin miedo y sin escrúpulos" (una versión). Inflamados cual nuevos cruzados por la lucha contra la infidelidad, continuaban la empresa de la Reconquista (otra interpretación). Nuevos caballeros al servicio de hechos heróicos. Servidores de Dios y de Su Majestad. Buscadores de riquezas y países de ensueño o de quimera (El Dorado, la Fuente de la eterna Juventud, Las Amazonas).
La obra de España en América es de una complejidad extraordinaria en sus diversas fases, descubrimientos, penetración o conquista, pacificación o colonización, y en los diversos aspectos de su acción.
LAS LEYES DE INDIAS. Son el conjunto de disposiciones que otorgaron a los habitantes del Nuevo Mundo los reyes españoles para su protección y trato equitativo sin discriminación con respecto a otros súbditos de la Corona.
Fueron recopiladas en varias ocasiones y se mandaron imprimir en tiempo de Carlos II (1681).
La primera Ley de la Recopilación es una exhortación a la Santa Fe Católica imponiendo como primer deber a los capitanes reales, el enseñar a los indígenas la religión católica, siendo obligación de todos los españoles, especialmente de los prelados, curas y religiosos, adoctrinar a los indios. El trato debía ser de "amor y dulzura".
Los excesos de los encomenderos suscitarán la queja de los "indigenistas" en 1511. Las Leyes de Burgos (1512) fueron el primer código legal para proteger a los indios. Se les amparó en el trabajo, en los tratos comerciales, y en la educación y se autorizó (1514) el matrimonio entre españoles e indias. En las Leyes Nuevas de Indias Carlos I se les declara a los indios, hombres libres. Felipe II prohibió que los españoles se llamaren conquistadores y mandó que usasen los nombres de pacificadores y pobladores, ordenando castigos más graves de lo corriente contra los que maltratasen u ofendiesen a los indios.
El cumplimiento de leyes y ordenanzas procuraba asegurarse con inspecciones y sanciones. España concibió y escribió la más humana y elevada legislación de la historia relativa a pueblos de "inferior" cultura o condición.
LA ESTRUCTURA SOCIAL Y EL MESTIZAJE. Éstas se basaron en la convivencia de las dos comunidades étnicas y culturales.
Se crearon instituciones ordenadas a la defensa de los indios, cada vez más humanitarias: encomiendas, repartimientos, reducciones y misiones. En Méjico, entre el grupo rural, los mayeques y tlamemes constituían el grupo servil, en Perú, los trabajadores (hatunruna), los siervos (yanaconas) y los mitimaes de las minas constituían el nivel inferior de la población. La administración española suavizó su dura condición en ambas zonas.
No hubo discriminación racial, pero sí una jerarquización social, según los orígenes, igual que la había entre los indígenas precolombinos. Los aristócratas españoles fueron hacendados (propietarios de grandes fincas de cultivo) o estancieros (dueños de grandes ranchos).
EL SISTEMA DE LA COLONIZACIÓN. Si por colonización se entiende el dominio de un espacio ajeno ejercido en el exclusivo beneficio, España no tuvo colonias.
Desde el segundo viaje colombino la acción de España adquirió en Indias el tipo de colonización llamado de poblamiento: trasvase de efectivos humanos para poblar, cultivar, criar ganados, edificar y fundar ciudades. Se trasplantaron instituciones y modos de vida.
No fue una colonización de rapiña. Se reconoció, la propiedad de las tierras que cultivaban, a los indios. Las demás se consideraron propiedad del Estado y se otorgaban a los particulares (premios a los "conquistadores").
Los españoles introdujeron especies agrícolas en el Nuevo Mundo (una de ellas la caña de azúcar) y ganados de toda clase. Aportaron al mundo occidental plantas oriundas; maíz, cacao, patata, tomate, pimiento.
Asombrosa fue la creación de ciudades, que en el aspecto institucional tuvieron la vitalidad de las castellanas de los siglos XII y XIII, y en el aspecto urbanístico difundieron el tipo renacentista en damero. La ciudad se concibió como centro de convivencia y amalgama de gentes, contando con la experiencia medieval de la coexistencia de los diversos burgos de distintas culturas y religiones. Por ello la colonización española ha sido calificada de nuclear, en oposición a la anglosajona, de progresión en frentes de colonización indiferente a la conservación de la organización y poblamientos de los propietarios aborígenes. Pero la cultura indígena no se avino fácilmente a la convivencia, ocasionándose fenómenos de aculturación entre los grupos aborígenes que persistieron en el rechazo de lo español.
El mestizaje fue y sigue siendo en América la fuerza real de lo hispánico, tanto étnico como cultural.
FRUTOS DE LA CIVILIZACIÓN HISPÁNICA. La empresa de España en Indias obtuvo un nuevo tipo de sociedad que se denomina mestizaje cultural, cuyos logros son muchos, principalmente: asimilación por Hispanoamérica de la cultura y civilización católica; difusión de la lengua española; subsistencia y permanencia de los pueblos aborígenes, formación étnica de una raza; subordinación de la vida humana a un concepto ético de la existencia. Todo ello, debido a un trato igualitario de los territorios de Indias con respecto a los de España peninsular: introducción de la imprenta en 1538, Universidades de Méjico y Lima (1551) y otras dieciséis fundadas después por jesuitas, franciscanos y dominicos, colegios religiosos para indios, y clases elevadas. Como consecuencia la promoción cultural y literaria alcanza el mundo mestizo (Garcilaso de la Vega, el inca), en fecha temprana, en un ambiente propicio para que brillasen personalidades como: Juan Ruiz de Alarcón, Sor Juana Inés de la Cruz, Fray Diego de Hojeda; en el terreno de la santidad, Santa Rosa de Lima; en los trabajos científicos de campo los P. Acosta, el doctor Hernández, el botánico Laguna, o Nicolás Ménardes.

viernes, junio 27, 2008

El faraón

El poder político descansaba en el faraón, a quien se le atribuía carácter divino (era un dios en vida). Él era la fuente de la prosperidad, el legislador supremo, el que dispensaba la justicia, el jefe de los ejércitos y el máximo sacerdote. Residía en una corte muy suntuosa. Aunque a veces acudía a partidas de caza, por lo general vivía aislado. En su atuendo llevaba la mitra blanca y el gorro rojo, símbolos, respectivamente, del Alto y del Bajo Egipto, es decir, del valle y del delta. En la ceremonia de coronación, que se celebraba en la ciudad de Menfis, el faraón realizaba un recorrido que simbolizaba la supuesta vuelta del Sol alrededor de la Tierra.
Al lado del faraón se hallaba un grupo de colaboradores, especie de ministros, encabezados por un visir. Todos ellos eran reclutados entre los miembros de la nobleza. Desde la corte se dirigía con gran minuciosidad la vida del país, especialmente el cobro de los impuestos, que permitía al faraón acumular enormes riquezas. En estas tareas participaban los escribas. Es cierto que, en teoría, toda la actividad del faraón se justificaba por la alta misión que tenía que cumplir: cuidar del bien de la comunidad. Pero, en la práctica, el despotismo faraónico y la explotación fiscal del pueblo fueron caracteres permanentes del Egipto antiguo.